por Marcela López Sastre

La serie de(s)amor es parte de la actual producción de la artista Guadalupe Plaza Petersen, quien estuvo los últimos seis meses viviendo en Indonesia; allí se especializó en Artes Visuales especialidad Fotografía en ISI Surakarta, Universidad de Indonesia, Beca de la Embajada de Indonesia.

Antes de viajar ya había empezado a trabajar en este proyecto que de alguna manera desanda los amores y los desamores, releyendo cartas, sintiéndolas desde el presente pregunto ¿Cuántas veces y de cuantas maneras posible podremos morir de amor ?

Nadie a muerto de amor supuestamente pero la humanidad se ha entumecido de tristeza muchas veces a razón del desamor.

Guadalupe es una artista con una fuerte pregnancia estética; el cruce entre los oficios y las artes ya es algo necesario y cotidiano para el arte contemporáneo. Guadalupe hace evidente la presencia de la moda en nuestro imaginario, incluso de la moda existente para algo tan trágico como la muerte y tan pasional como el desamor. La misma narrativa nos devuelve la belleza del cuerpo lánguido, desfalleciente, hermosamente desamparado: la bella durmiente que en realidad quizás ya no despertará nunca más. Quizás ya no llegue el sapo, ni el príncipe.

Ironía y romanticismo, moda y fotografía, literatura y diseño: todo esto hace a la imagen de Plaza, a la construcción de su imaginario; de ese que lleva tatuados los nombres de quienes amo.

El desamor es como una cebolla, debemos ir sacando las capas una a una: dulce y ácida a la vez, así es el gusto amargo de la boca después de tener que comprender otra vez aquello que se esfuma.

¿Por quien ha muerto? ¿Con quien sueña?

Evidencia y literalidad: escribir sobre el amor es escribir sobre toda la historia del arte y de la literatura. Es riesgoso volver a insistir en aquello que todos de alguna manera buscamos permanentemente definir. Desde esta dificultad Plaza vuelve sobre el imaginario básico del amor y lo recrea, poniendo ella misma el cuerpo para estas muertes suaves de siesta de verano. La belleza femenina indefensa, dormida, impecable nos aguarda entre la hierba fresca.

¿Cuántas veces y de cuantas maneras posible podremos morir de amor? ¿Cuántas veces mas el desamor?

Guadalupe pone el cuerpo para recrear los clichés de lo femenino-romántico, de los mandatos, de la angustia de un modelo de mujer que nunca es demasiado buena para nada. Pero esta critica no es directa, ni agresiva, ella misma se vuelve objeto romántico allí dormida y desde allí se piensa. Es necesaria la imagen para pensar lo real, lo cotidiano y los imaginarios que sostienen nuestro mundo, nuestro deseo y nuestro dolor.